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Draghi, preparado para tomar medidas si la economía se hunde

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En la última conferencia del presidente del BCE, Mario Draghi, no hubo sorpresas en lo que se refiere a los tipos de interés ya que permanecen en el 0%. La autoridad monetaria se dirige a la normalización de su política monetaria y por eso, el pasado mes de diciembre, fue el último en el que se juntaba el programa de compras QE, aunque actualmente los vencimientos en cartera se van reinvirtiendo.

No obstante, hay que destacar que el BCE tiene el ojo fijado en la situación económica europea que ciertamente se ha complicado en los últimos trimestres. Por esta razón, la autoridad monetaria no ha dudado en ningún momento en anunciar que estaba listo para «ajustar todos sus instrumentos» en el supuesto de problemas inesperados y agregó que los riesgos de crecimiento en los 19 países que utilizan el euro se habían incrementado.

¿Qué fuego puede disparar el BCE?

Tras salir del QE, el BCE se encuentra iniciando los primeros pasos en una etapa de normalización y de evaluación de riesgos. Están viendo que la Eurozona creció un modesto 0,2% en el tercer trimestre frente al anterior, la producción industrial de las grandes economías ha sido débil -especialmente Alemania con una caída del 4,90% de la producción manufacturera en noviembre-, los días pasan y el problema del Brexit sigue enquistado entre las partes y la confianza empresarial se ha visto afectada por las consecuencias arancelarias de una guerra comercial.

Recordemos que la autoridad monetaria europea tiene un objetivo de nivel de precios cercano al 2% en el medio plazo y en los últimos meses hemos visto un fuerte recorte en el avance de los precios. Si en el mes de octubre de 2018 alcanzaron una tasa del 2,2%, en el primer mes de 2019 se han situado en el 1,4%. Si el BCE se aleja de sus objetivos, la posibilidad de «tomar medidas» se va incrementando.

Si nos ponemos en contexto, la potencia de fuego del BCE es más bien limitada recién salimos de un programa de compras de 2,5 billones de euros hasta los 4,7 billones de euros, los tipos de interés se encuentran anclados en el 0% y los tipos de depósito se encuentran en negativo, -0,40%.

Aun así, una de las cartas favoritas de la autoridad monetaria en un entorno de incertidumbre son las operaciones de financiación a largo plazo. El objetivo es proporcionar liquidez a las entidades de crédito en unas condiciones realmente atractivas, buscando impulsar el crédito del sector privado y estimular los préstamos bancarios para que la economía real para incrementar los niveles. Este podría ser su primer movimiento si el escenario se sigue deteriorando en los próximos meses.

También existe la posibilidad de imitar al Banco de Japón y quebrar todos los límites conocidos en política monetaria europea: Bajar los tipos de referencia por debajo del 0% o directamente ampliar balance para adquirir productos cotizados como los ETF para sujetar las cotizaciones de la renta variable europea que han sufrido un duro traspiés en 2018.

Los antecedes de la intervención masiva

De hecho, no es la primera vez que Mario Draghi pone encima la mesa la posibilidad de intervenir la economía si fuera necesario. Y es que nos tenemos que remontar a julio de 2012, cuando el presidente del BCE pronunció con contundencia: “El BCE está preparado para hacer lo que sea necesario para salvar el euro y crearme coma será suficiente”. Esas palabras mágicas alteraron la visión pesimista de los inversores y la bolsa empezó a subir (Gráfico Eurostoxx50).

Con esa filosofía de entonces se nos está presentando Mario Draghi en la actualidad. Y si bien el contexto es diferente -no existe un escenario tan volátil ni una profunda crisis como la vivida 2012- lo cierto es que desde el tercer trimestre del año, estamos viendo cómo se ha incrementado la volatilidad en los mercados y, la desaceleración de el conjunto europeo va a más.

La autoridad monetaria europea tiene la capacidad de modificar las expectativas de los inversores a corto plazo con su intervencionismo a través de las ampliaciones del balance, creando dinero de la nada para adquirir títulos de deuda o lo que fuera necesario.

Obviamente, toda intervención tiene sus consecuencias, aunque en el corto/medio plazo puede ser entendido como una solución válida, o como mínimo una «compra de tiempo» para emprender las reformas estructurales necesarias para reconducir la economía.

La manipulación del mercado secundario de deuda nos ha llevado a una situación completamente fuera de toda realidad comprensible: bonos con rentabilidades negativas o que directamente no reflejan la situación de riesgo país del emisor (gráfico TIR del bono español a 2 años).

Esta situación no puede ser calificada de otro modo que burbuja financiera, es decir, la creación de dinero entra en los títulos de deuda que dispara los precios de los bonos y en consecuencia hunde las rentabilidades finales, permitiendo a los Estados financiarse a unos intereses irrisorios.

Pero la experiencia nos dice que cuando el BCE se ha dedicado a la intervención masiva del mercado deuda, los estados no han aprovechado para implementar las reformas que fueran necesarias con una fuerte reducción del déficit público buscando la estabilidad presupuestaria de sus cuentas. Eso no ocurrido, sino más bien parece que en los últimos años hayamos visto una estabilización de las ratios de deuda pública sobre el PIB, en pleno contexto de expansión económica.

Lejos de los pasos de la Reserva Federal

La Reserva Federal también se encuentra en un momento de reflexión sobre su política monetaria pero, a diferencia del BCE, sus tipos de interés se han ido elevando paulatinamente en los últimos años hasta alcanzar el 2,5%.

Las palabras de los banqueros centrales en sus discursos son cuidadosamente escogidas porque es un mensaje directo a los inversores que operan en los mercados. Y si el pasado mes Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, hacía referencias a unos riesgos «más o menos equilibrados», en las declaraciones de enero no se ha hecho referencia alguna a ese equilibrio sino más bien a la «paciencia».

Las palabras de Powell son de una gran importancia para los inversores, la bolsa estadounidense se hundió en el últimos trimestre de 2018 después de que Powell en octubre desató las preocupaciones sobre una política agresiva de alza en los tipos de interés, aun que más tarde él regresó al punto inicial.

Pero la incertidumbre persistió, y el S&P 500 en realidad cayó en un mercado bajista, es decir, un 20% o más desde los máximos recientes en la víspera de Navidad, que marcó el cierre más bajo para el índice en 2018.

Sin embargo, existen dos grandes diferencias sustanciales entre la Reserva Federal y el Banco Central Europeo. En primer lugar, la economía estadounidense se encuentra acelerando su expansión en los últimos trimestres mientras que la economía europea ha perdido impulso y, en segundo lugar, debido al incremento de tipos de interés de la Fed en los últimos trimestres, tiene un margen sustancial para, si fuera necesario, bajar tipos de interés mientras que el BCE debería dirigirse a tipos negativos.

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