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las desvía a otra superpotencia

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El mercado petrolífero sigue siendo el rey del esencial sector energético, y de sus tendencias depende buena parte del escenario económico mundial, con unas empresas y países que siguen siendo a día de hoy en la mayoría de los casos vitalmente dependientes del crudo (y pasando de puntillas sobre el tema del cambio climático).

Especialmente relevante son las cifras que arroja el mercado estadounidense del oro negro, el mayor mercado petrolífero del mundo, pero igualmente reveladoras pueden ser las cifras del gigante chino, que no sólo es la segunda economía del planeta y la fábrica del mundo, sino que además es otro gran (gran) consumidor de crudo a nivel mundial.

De las tendencias que presenta un mercado, aunadas con las que presenta el otro, y sin perder de vista a las del todopoderoso productor saudí, se pueden sacar algunas proyecciones y conclusiones muy reveladoras, que sin duda dibujarán el futuro del sector y de buena parte de las economías del planeta.

El gigante estadounidense va camino de la independencia energética

A estas alturas de la historia del mercado petrolífero, creo que todos somos ya conscientes de que, derivadas de impacto medioambiental aparte, el fracking ha sido toda una revolución energética para el planeta. Simplemente recordar brevemente a los lectores no versados en este tema que esta nueva tecnología de prospección petrolífera se basa en utilizar la inyección de agua a altas presiones para llegar al denominado «shale oil» o «shale gas», también conocido en español como crudo o gas «pizarra» (o de «esquisto»). Esta denominación viene del hecho de que, con esta nueva técnica, yacimientos petrolíferos en capas de roca que antes no podían ser explotados, ahora lo son fácilmente, con la penalización que señalan los ecologistas de que las soluciones de aditivos empleadas contaminan los acuíferos circundantes, además de producir otros posibles impactos medioambientales y geológicos.

Pero EEUU no ha dudado en abrazar con fuerza esta nueva tecnología. Aunque hay que explicar también que en aquel país se ha experimentado toda una burbuja del fracking (y por cierto, en otro orden de magnitud, también en España), en la cual se sobreinvirtió en un sector cuyos precios se derrumbaron en parte por la entrada al mercado del nuevo crudo (y por la Gran Recesión), lo cual a su vez hizo y sigue haciendo que muchas inversiones con su ROI calculado para unos precios sensiblemente superiores dejasen y dejen de ser rentables y muchos pozos de fracking se cerrasen o incluso quebrasen. Pero el fracking había llegado para quedarse, ya estaba allí, y no todos los jugadores estaban apalancados ni sobreendeudados, ni sufrían dramáticamente por los efectos de un barril de crudo por los suelos.

Los supervivientes color pizarra, obviamente rescatados también por una cierta recuperación de los precios del mercado que se han más que duplicado desde mínimos hasta el entorno de los 50$/barril (pero que recuerden que vienen de máximos del entorno de los 100$), han logrado aupar a EEUU al podio de haber sido ya a finales de 2018 el mayor productor mundial de crudo (y con opciones reales de ser además el mayor exportador mundial en un futuro, destronando a la propia Arabia), colocándole en la senda de la autosuficiencia energética, y permitiéndole mirar desde otra perpectiva y con menos dependencia a los grandes productores mundiales de crudo.

Efectivamente, en este estratégico tablero de ajedrez, Estados Unidos cada vez tiene menor relevancia, pero no por motivos exógenos, sino por voluntad propia en una retirada que parece minuciosamente planificada. Porque EEUU se retira de una partida que ahora pasa a jugar en casa, con sus propios productores bajo control, y dejando de depender de poderes fácticos extranjeros, con lo que, en la misma medida, es de esperar que también su «diplomacia económica» en Oriente Medio y en otros productores puede estar perdiendo intensidad e interés geoestratégico para el gigante estadounidense.

Pero China tiene ahora todavía más que petróleo que prender en el estratégico mercado del oro negro

Con un EEUU en voluntaria retirada, queda claro que el relevo como mayor importador mundial de crudo no podía ser tomado por otro país más que por el gigante comunista. Efectivamente, China es la segunda economía del planeta, además de otro voraz importador de crudo, y además este país no está (al menos públicamente) en la misma senda de la autosuficiencia energética de EEUU.

En una China que ha sido calificada por medios internacionales como «la fábrica del mundo», los gobernantes chinos y todo su tejido socioeconómico siempre han sido plenamente conscientes de su gran dependencia de las materias primas para poder seguir surtiendo a los mercados mundiales con sus productos «made in China». Como demostración de ello, ya les hemos analizado en otras ocasiones las políticas que los chinos han desplegado sobre el suculento continente africano, en el cual llevan lustros poniendo sus ojos para tomar al asalto el control de buena parte de sus fuentes de materias primas.

Como les explicábamos entonces, la estrategia ha sido la de «conducir» a los países que les interesaban hacia un sobreendeudamiento cuyo acreedor fuese el gigante asiático, instrumentalizando así tanto las inversiones que algunos incautos pensaban que los chinos hacían casi desinteresadamente, y pasando a tener bajo el yugo a economías africanas cuyo suministro se han asegurado con el exitoso despliegue de esta particular «diplomacia económica» de ir regalando zanahorias para luego enseñar todos los palos.

El mercado del crudo no iba a ser una excepción, más bien todo lo contrario, dado su carácter especialmente estratégico y su gran influencia sobre todo el resto de sectores económicos. Pero ese tablero petrolífero no era un tablero tan virgen como el africano, que además estaba sembrado de líderes corruptos, sociedades bajo el dictamen de líderes no democráticos, poblaciones en situación de necesidad extrema, y por si todo esto no fuera poco, además con ciudadanos incautos que sufren un alto nivel de analfabetismo: la cultura financiera y económica (lamentablemente) mejor ni la nombramos.

Por contraposición, el tablero del oro negro está ya muy resabiado, tras muchas décadas de continuadas partidas, donde también una buena dosis de autoritarismo y líneas dinásticas han hecho de catalizador para que las sucesivas generaciones de gobernantes fuesen aprendiendo el negocio, y a moverse entre la diplomacia económica estadounidense y de otros países. Además, en términos económicos, los productores árabes llevan acumulando riquezas y divisas muchos años, lo cual les ha dado una cierta independencia y un extra de capacidad de negociación a la hora de firmar contratos de cara al futuro.

Con todo ello y algún factor más, la coyuntura socioeconómica de los países árabes, y en concreto de Arabia Saudí, ha sido totalmente diferente a la que los chinos se han encontrado en la fácilmente vapuleable África. Y obviamente, a distinta disposición de piezas, procede distinta jugada.

China, el agujero negro en el que desaparece todo el oro negro que cae… y en el que nada se ve

En los mercados internacionales del petróleo, China es conocida por su naturaleza de «agujero negro» en el sentido más astronómico del concepto. Efectivamente, China se ha venido caracterizando por mostrar un voraz apetito petrolífero, y es capaz de absorber todo petrolero que no sabe bien a dónde poner rumbo para colocar su mercancía. Pero, por mucho que China sea ahora el gran consumidor de petróleo que sigue siendo mayormente dependiente del exterior, no crean que desde el gigante asiático no están jugando bien con sus piezas.

Los chinos siguen teniendo alfiles, torres, caballos y un sinfin de peones, y no dudan en posicionarlos estratégicamente allá donde tienen ocasión. De esta manera, China puede que muchas veces absorba todo excedente petrolífero, pero lo hace jugando con la regla de oro capitalista de mercado: comprar barato.

Los operadores del mercado saben perfectamente que, cuando los precios bajan, suele aparecer China barriendo posiciones y quedándose con todo lo que se oferta a un precio ventajoso. Es lo que tiene ser un gigante económico, tener (hasta ahora) buenos fundamentales (aparentemente), tener buenas reservas de divisas, y no tener mayormente gran prisa por comprar. Como todo negociador experto sabe, este último factor es especialmente clave en toda negociación.

Pero, ¿Y por qué China puede no tener prisa por comprar y otros países sí? Bueno, primeramente hay que decir que esas prisas son relativas para cualquier país, como puede ser el propio EEUU. Compañías consumidoras de petróleo hay muchas, cada una con su casuística particular, con sus posiciones, sus coberturas, etc. El mercado petrolífero occidental está altamente profesionalizado, y prisa prisa no tiene por qué haber si ha habido una buena planificación salvo en situaciones excepcionales o casos concretos: todo consumidor obviamente va negociando con tiempo suficiente para mantener lejana la posibilidad de ruptura de stock.

Pero lo cierto es que luego cada empresa puede tener más o menos prisa por hacer ciertas compras, algo que un experto negociador de una potencia productora es capaz de oler a kilómetros de distancia. Y ya no es sólo eso, que en principio podría aplicar también al caso de las empresas chinas, es que además, en mercados desarrollados con el estadounidense como máximo exponente, no olviden que la transparencia ha alcanzado un gran grado de desarrollo. Así, en EEUU (y en otros países desarrollados) se publican periódicamente cifras de ventas, de compras, y… muy muy importante, unas cifras de inventarios que todos los operadores mundiales vigilan celosamente para tomar sus propias decisiones en el mercado, pues determinarán las futuras compras a realizar para reponer stocks. Esos inventarios son el pulso del sector no sólo para EEUU, sino para todo el planeta.

Y el tema es que esto no ocurre (ni de lejos) en el mercado petrolífero chino, que se caracteriza por ser uno de los más opacos y oscuros del mundo, a pesar de su colosal tamaño: lo difícil es saber si los chinos tienen o van a tener prisa por ejemplo para reponer stocks. Así, ese agujero negro del que les hablaba al explicar cómo algunos operadores petrolíferos describen a China en el mercado, paradójicamente es negro no sólo por su capacidad de engullir, sino también por la imposibilidad de ver más allá del horizonte de sucesos que las propias autoridades chinas establecen intencionadamente.

Y Arabia mueve también sus fichas sobre un tablero en el que quedan menos piezas…

Realmente y a primera vista, la jugada de Estados Unidos de pasarse a jugar a otro tablero con tintes nacionales es maestra donde las haya. Pero Arabia es plenamente consciente desde hace años de las ambiciones estadounidenses, buena parte de las cuales podrían estar justificando el reciente giro del país saudí hacia su política de «Arabia first». A pesar de la escenificación que hubo a raíz del caso Khashoggi, en realidad hace ya años que se ha venido marcando un prolongado antes y un después en las relaciones entre saudíes y estadounidenses. Se trata de un largo adiós que puede que no se sepa seguro quién está dando ahora con mayor efusividad, pero que en todo caso viene desencadenado en buena medida por esa mayor independencia energética estadounidense.

Los datos no dejan lugar a dudas: según la CNBC, en el transcurso del último año, Arabia Saudí ha duplicado sus exportaciones de crudo a China, y las ha reducido a tan sólo un tercio en el caso de EEUU. Son datos contundentes, y que sitúan a ambos consumidores con una China que ya triplica en peso a EEUU en este sentido. Pero la pregunta procedente que esperamos de esos sanos espíritus críticos de nuestros lectores es… ¿Cómo es posible que por un lado les digamos desde estas líneas que el mercado chino es opaco, y que por otro les estemos dando sus cifras? Razón no les falta, pero hay algo más tras estos datos. El desarrollo de la tecnología satelital ha hecho que hoy en día, además de un negocio emergente, la monitorización de los petroleros sea una actividad relacionada con la geoestrategia, con la aplicación de las sanciones económicas, con la optimización de rutas, con el espionaje y… con esa transparencia del mercado de la que antes les hablábamos.

Gracias a los satélites y a los desarrollos más recientes en procesado digital de imágenes y en la posterior Inteligencia Artificial, actualmente se puede hacer un seguimiento pormenorizado literalmente de cada petrolero, de dónde zarpa, en dónde desembarca, su carga total de crudo, etc. Y con todo ello se puede estimar bastante fidedignamente las cifras reales del mercado mundial del petróleo (incluyendo incluso el mercado negro), arrojando bastante luz y transparencia hasta en el caso de jugadores intencionadamente opacos como China. La imaginería satelital es un ojo en los cielos al que este tipo de mercados opacos ya no pueden escapar tan fácilmente. Gracias a estas imágenes a vista de satélite es con lo que se pueden aportar datos fiables sobre la evolución de las exportaciones árabes.

Pero en las cifras de evolución de las exportaciones saudíes a EEUU y China, igualmente no podemos dejar de nombrar otros factores de peso adicionales a los anteriores, y que sin duda también están teniendo su influencia en el mercado. Por ejemplo, recientemente China ha puesto en producción dos nuevas macrorefinerías que han incrementado su consumo en nada más y nada menos que 800.000 barriles diarios, aunque esto en concreto es en realidad doblemente demostrativo precisamente de ese «re-balanceo» del mercado petrolífero hacia Asia que analizamos hoy: lo es tanto por la parte productora como por la consumidora.

Otro factor a tener muy en cuenta es la nueva ronda de sanciones estadounidenses que han recaído sobre Irán a raíz del reavivamiento de la crisis nuclear iraní. Debemos recordar que Irán es nada más y nada menos que el tercer mayor productor de crudo de la OPEP, y que China venía importando una buena parte de las exportaciones petrolíferas del país persa. En la práctica, desde el recrudecimiento del conflicto, se ha observado en el mercado una inequívoca y clara correlación entre la aplicación de esas sanciones y el balanceo de las importaciones de crudo chinas a traerlas desde Arabia.

El aspecto más clave de los últimos movimientos de fichas de Arabia en este complejo tablero

Y finalmente está el que sea tal vez el factor más relevante de todos los expuestos hasta aquí, y que ya ponía de relieve la noticia de la CNBC enlazada antes: Arabia muy probablemente esté tratando de maximizar su capacidad de manipulación del mercado de crudo mundial. Tras el famoso recorte de producción de 2017 y la guerra encubierta que ya hubo entonces contra el subsector emergente del fracking, Arabia se aprendió la lección, y se dió cuenta de que la manera más eficiente con la que podía ejercer su capacidad de influencia en el mercado era haciendo subir los precios del crudo concreta y específicamente en el mercado estadounidense… y para ello, obviamente, tenía que reducir sus exportaciones al país norteamericano

Así, Arabia no sólo se aprovechaba de la abundante información estratégica del mercado petrolífero más transparente, eficiente y más desarrollado del mundo, sino que además maximizaba el impacto de sus acciones en el mercado, puesto que todos los operadores mundiales siguen escrupulosamente los datos del sector petrolífero estadounidense para tomar sus propias decisiones de compra de crudo. Pero esta ecuación de «influencia» sobre el mercado le generaba a Arabia un gran problema añadido, ¿Dónde colocar todos esos barriles excedentarios retirados de EEUU para subir los precios? Pues la respuesta no admitía demasiadas opciones, y seguramente los saudíes ya contaban en sus planes iniciales con ese «agujero negro» chino de voraz apetito petrolífero: estaba claro que las compras chinas sólo eran una cuestión de precio, y en cuestión de precio ya podrían llegar a sacar mucho más margen en todo el reso del mundo simplemente aupando al mediático West Texas Intermediate (WTI, el equivalente estadounidense al barril de Brent) con su efecto de arrastre a nivel planetario.

Un breve inciso para recordar que ese WTI no es un tipo de petróleo, sino tan sólo una cesta sintétitca que pondera diferentes tipos y calidades de crudo, pero que sirve como esencial medida de referencia del mercado. La realidad de los mercados mundiales del petróleo es que todos los operadores de cualquier punto del planeta siguen celosamente este indicador, y en base a él toman sus decisiones de compra o venta. Es sin duda el indicador rey del mundo del petróleo, y por lo tanto tirar de su precio al alza de forma selectiva tiene un gran impacto en el conjunto del mercado, presuntamente pudiendo llegar así a beneficiar a Arabia Saudí (y obviamente también al resto de productores).

Pero, por si no fuera poco con esa transparencia que puede ser utilizada como arma de contraofensiva, además Arabia hacía una doble jugada: retiraba parte de sus exportaciones de esa transparencia, y se las lleva a una de las zonas petrolíferas más opacas y oscuras del mundo. Una parte más que relevante de la producción saudí ha ido a parar a se «agujero negro» chino en el que buena parte del crudo que cae en él desaparece sin apenas dejar más rastro que CO2. Esto es una mala noticia para el mercado en general, puesto que la transparencia ayuda a la eficiencia del mercado, pero es que además, en todo mercado, siempre hay jugadores que tratan de buscar intencionadamente la ineficiencia para así sacar onerosos e injustos réditos de ella, en detrimento del conjunto del mercado.

Y aún hay más de (posible) geoestrategia saudí. A la compleja ecuación de las exportaciones saudíes de crudo se añade además la presencia del coloso petrolífero saudí Aramco en el accionariado de diversas grandes compañías consumidoras de petroleo. La participación saudí en jugadores clave del mercado estadounidense de tamaño apreciable, como es la tejana Motiva, hace que Arabia pueda estar considerando ése como un mercado con una buena dosis de cautivo para parte de sus exportaciones… pero cautivo sólo para cuando a Arabia le interese utilizarlo para colocar sus barriles allí. Así, como también apuntaba la CNBC, en el mercado estadounidense, las exportaciones saudíes vienen establecidas por lo que serían los intereses del productor.

Mientras tanto, en el caso de la región asiática, con China como principal importador (y en parte también por supuesto la también populosa India), las exportaciones saudíes vienen determinadas por la demanda del cliente. Un cliente (el chino) que Arabia Saudí pretende satisfacer en toda su voracidad siempre que ésta haga acto de presencia, puesto que es un mercado estratégico en el largo plazo y que Arabia pretende fidelizar. Aunque también desde Riad pueden estar persiguiendo tratar de hacer la misma jugada de cautividad en Asia que en EEUU, que quedaría expuesta con planes muy relevantes que están ya sobre la mesa, como la adquisición de una gran participación en el gigante petrolífero indio Reliance.

Sin embargo, con China es casi imposible poder llevar a cabo esa jugada en la práctica, al presentar el gigante chino un mercado fuertemente centralizado y muy dependiente de los designios del todopoderoso poder político. Así que, con el caso de China, a Arabia no le queda mucha más estrategia posible que callar y ese «contentar a su cliente» que citábamos antes, embarcando barriles de oro negro como si no hubiese un mañana mientras que el cliente demande. De esta manera, la (muy) poca transparencia y la potencial «economentira» no sólo hacen acto de presencia en un mercado clave en el panorama global como es el del sector petrolífero, sino que además, en el tablero de esta partida de ajedrez, la estrategia y la capacidad de influencia que sale reforzada es la de los gigantes como China, que se erigen como nuevos líderes importadores, pero que aportan menos transparencia que el muro de hormigón con el que cercan su dirigido mercado y… con el que podrían estar ocultando también sus intenciones últimas.

Puede que EEUU crea que está retirándose avispadamente de este tablero por el simple hecho de que ya no le interesa comprar petróleo a espuertas, pero esa visión tan cortoplacista tiene fuertes derivadas geoestratégicas, que van mucho más allá del mero mercado de petróleo. Dejar de ser el líder del consumo petrolífero significa que luego, cuando se traten otras cuestiones, ante la inexistencia de un vínculo y una diplomacia económica a raíz del petróleo, la capacidad de influencia y de negociación estadounidense estará en franca desventaja frente a la de otras superpotencias con nexos de unión e intereses muy fuertes con los que pueden jugar, y en base a los cuales están forjando ya sólidas relaciones internacionales.

Porque el tema es que dejar de liderar un mercado tan importante como el petrolífero supone pasar a un segundo plano en un mercado clave, que estructura en buena medida gran parte de la geoestrategia internacional. Pero, por otro lado, ¿Tendría sentido que EEUU siguiese comprando un crudo que ya no necesita y que además le hace fuertemente dependiente? Obviamente esto tampoco tiene el más mínimo sentido, y lo que debería hacer Estados Unidos es no batirse simplemente en retirada de estos mercados regionales en el plano más general, y optar por desplegar nuevas estrategias de diplomacia económica, estrechando vínculos en otros planos más allá del petrolífero.

No hacerlo hará pasar a Estados Unidos a ojos del mundo de mercado secundario de petróleo, a líder económico segundón. Puede parecer un simple juego de palabras, pero entre ambas cosas existe una gran y existencial diferencia. El que no sea capaz de verlo está cayendo ya por su propio agujero negro socioeconómico; y no, en este caso no creo que tratar de mantenerse apartado del horizonte de sucesos pueda evitar caer presa de un gran atractor masivo que corre el riesgo cierto de acabar engulléndose a sí mismo.

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