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La pesada losa del bajo crecimiento en Europa

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La desaceleración económica a escala global es un hecho palpable para los grandes bloques económicos. Todos ellos han recortado las estimaciones de crecimiento durante este año, pero hay que destacar el caso específico de Europa que se posiciona como el bloque económico con menor crecimiento.

Para este año, el FMI proyecta un crecimiento económico para el mundo del 3%. Las economías emergentes y en desarrollo crecerán un 3,7% mientras que las que las economías avanzadas crecerán un 1,7%. Dentro de las economías avanzadas, Estados Unidos crecería a un 2,4% y el conjunto de la Eurozona únicamente avanzaría un 1,2%.

No es un hecho puntual, Europa ha sido el bloque económico que ha sufrido dos fuertes recesiones durante este siglo. Y la tasa de crecimiento de los países con mayor peso en la Unión Europea ha menguado notablemente en las últimas décadas.

Nos encontramos pues ante una pesada losa del bajo crecimiento económico que tiene un arraigo de corte más bien estructural por un modelo económico errático.

Europa: Un modelo económico singular en el mundo

El modelo económico europeo se identifica como uno de los más intervencionistas alrededor del mundo debido a que el gasto público tiene un peso sobre el PIB alrededor del 46%. Y en países como Finlandia, Francia, Bélgica y Dinamarca superan la cuota del 50%.

Por el contrario, en las economías más capitalistas de nuestro entorno tenemos a Estados Unidos con un peso relativo el gasto público del 38% sobre el PIB y Suiza con un 32,5%. También hay que apuntar que dentro de Europa, Irlanda se desmarca del modelo europeo con un gasto público 25,70%. No solo son países con la mayor renta per cápita del mundo sino que carecen de problemas de crecimiento económico.

El problema no es que el conjunto de las instituciones europeas creen un infierno fiscal para sus ciudadanos en el que se centralizan las decisiones a través del gasto público, sino que, en la economía del sector privado, cada vez más, se incrementa el número de regulaciones para desarrollar la actividad económica, lo que reduce el desarrollo empresarial a través de los llamados costes regulatorios.

Por si el problema impositivo y el problema de los costes regulatorios fueran insuficientes, tenemos una autoridad monetaria que está interviniendo la parte corta de la curva deuda con tipos de interés al 0% o incluso negativos la tasa de depósitos y la parte larga con compras en el mercado secundario de deuda, lo que ha generado una burbuja con rentabilidades negativas en los bonos.

Para más inri, se suma el problema del envejecimiento de la población -un problema conjunto para las economías avanzadas- en el que cada vez más se incrementa más la esperanza de vida, lo que se traduce en que los mayores de 65 años cada vez tendrán un mayor peso sobre la sociedad europea durante este siglo.

Los cambios demográficos representan una porción significativa de la tendencia a la baja en el crecimiento económico de estos países durante la última década, incluso en Japón y los Estados Unidos. Además, es probable que la continuación del cambio hacia una población mayor sea un factor importante que frene el dinamismo económico.

Todos estos factores descritos nos llevan a un crecimiento estancado tanto en el medio como en el largo plazo en el que si no se revierten las políticas actuales que nos han llevado al escenario presente, nos llevarán no solo al escenario de bajo crecimiento, sino a una economía decadente con un grado de competitividad menor frente a nuestros socios comerciales, con una mayor sensibilidad las recesiones.

Un futuro incierto

Europa vive asentada de las grandes rentas pasadas donde fue el eje central del desarrollo económico mundial. Si miramos a Europa desde el punto de vista estático, goza de una gran renta per cápita frente a los países emergentes o en desarrollo.

Como podemos apreciar en el siguiente mapa, el conjunto de las economías avanzadas, en las que se incluye Europa, están coloreadas en verde con unas rentas per cápita por encima de 20.000 dólares anuales.

Pero la realidad no hay que verla desde el punto de vista estático sino dinámico y es ahí donde tenemos el problema… Cada vez las expansiones son más lentas, Europa está perdiendo fuerza en su crecimiento frente a sus y se incrementan los riesgos de fuertes recesiones.

Europa es especialmente vulnerable porque, debido a su modelo económico, no se considera un polo de atracción de capital. En un escenario de fuerte volatilidad e incertidumbre en los mercados globales, los inversores recurren a refugios como el dólar, el bono estadounidense, el franco suizo, entre otros activos lo que genera problemas tanto en el sector público como en el sector privado en el momento necesitar liquidez para su funcionamiento.

Tampoco esta destacando en la actual revolución tecnológica. De las 20 empresas tecnológicas de mayor capitalización del mundo, Estados Unidos cuenta con 12 empresas, mientras que Europa solo tiene una, la alemana Deustche Telekom.

Pero, hasta la fecha, Europa se resiste a cambiar. Es un mercado de 740 millones de habitantes, con una de las rentas más elevadas en el mundo lo que le confiere un poder de imposición de sus reglas en el tablero económico.

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