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Tesla da la campanada con beneficios, y machaca a los «cortos» que hacían el Agosto

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Tesla ha sido una empresa cuya cotización en los mercados es tan convulsa como su proyección de futuro, que un día parece prometedora, y al día siguiente parece abocada a la quiebra por vender un futuro (casi) seguro, pero hacerlo demasiado pronto. A ello contribuye también el carácter ciertamente disruptor (y algo provocador) de su dueño, el millonario Elon Musk, que a veces mueve los mercados a golpe de tuit.

Pero en los últimos meses los denominados «cortos», o posiciones bajistas sobre el valor, venían atenazando la cotización, y sacando jugosos réditos de la debacle bursátil de la disruptiva compañía californiana. Así ha sido hasta que… Tesla ha sorprendido gratamente con sus resultados, y los «cortos» han revertido con violencia sus beneficios, empezando a arrojar cuantiosas pérdidas para muchos «inversores».

Una cosa en inversión y… otra muy distinta es la eufemísticamente denominada «inversión especulativa»

Los mercados y la bolsa, lamentablemente, hay veces en que son vistas por algunos agentes del mercado como un mero «juego» de apuestas. Lo cierto es que toda inversión es en el fondo una apuesta de alguna manera, pero no se debe olvidar nunca que la razón de ser original de la Bolsa era permitir al público en general poder formar parte del ecosistema de accionistas estables de una empresa, que acuden a sus amplicaciones de capitales para financiar la expansión de sus líneas de producción, que se preocupan en la junta de accionistas por la estrategia a largo plazo de la conmpañía y su devenir, que exigen unos resultados en forma de beneficios y su consiguiente dividendo, etc.

Y… otra cosa radicalmente distinta es la práctica tan habitual en nuestros días de los traders más al filo de la especulación, que en muchos casos entran en un valor durante unas pocas horas (o incluso durante fracciones de segundo en el caso del extremo de la inversión automatizada) para extraer una rentabilidad rápida, con su riesgo, pero sin mayores complicaciones, sin planes de empresa, sin juntas de accionistas, sin contribución al tejido productivo… meramente como una «inversión» mucho (muchísimo) más que cortoplacista, y siguiendo el patrón clásico de la mera inversión eufemísticamente denominada en el sector como «inversión especulativa», que es de todo menos verdaderamente inversión.

Y es que la propia Real Academia de la Lengua define la inversión como «Acción y efecto de invertir», y a su vez invertir como «Emplear, gastar, colocar un caudal», siendo un caudal «Hacienda, bienes de cualquier especie, y más comúnmente dinero». Ateniéndonos pues a la definición estrictamente lingüística, que mayormente coincide también con la de la mayoría de los más senior de los mercados, si no hay caudal como tal, no hay acción de invertir, y por lo tanto no puede calificarse la extracción de beneficio como una inversión. Queda pues esta acción de mover dinero con el mero calificativo de «especulación», que según la misma Academia es «operación comercial que se practica con mercancías, valores o efectos públicos, con ánimo de obtener lucro». Porque realmente es eso casi lo único que queda de este tipo de operaciones: el ánimo de lucro… pero su existencia en exclusiva no implica que sea una inversión precisamente, como algunos creen.

Y que conste que, pese a ver ciertos perjuicios en el cortoplacismo extremo inherente a la especulación (en su forma más habitual), desde aquí tampoco negaremos su cierta contribución a la formación de precios en los tiempos más cortos, ni a que en los mercados haya una liquidez remanente que los haga en cierta medida (algo) más eficientes, y que garanticen a otros poder salir cuando quieren y al precio que fijan en sus órdenes. Pero ello para nada implica que haya un lado también negativo en todo ese cortoplacismo extremo del que la especulación es tan sólo es una faceta más, en lo que es en realidad un grave problema general de nuestras sociedades (y sistemas políticos). Pero especular tampoco asegura el beneficio (en absoluto), entraña sus riesgos, y puede resultar muy dañino para los ahorros del pequeño (y gran) inversor.

El papel de los cortos sobre acciones en los mercados es invertir «de prestado», y a veces hunden literalmente los valores

Esos famosos «cortos», de los que les hablábamos en el titular, son efectivamente posiciones bajistas sobre un valor (o sobre un índice o cualquier otro subyacente). «Corto» hace referencia al hecho de que la Bolsa habitualmente es rentable en los plazos largos, con lo que estar «largo» es estar alcista, mientras que estar «corto» es estar bajista, que se sobreentiende supone una línea temporal sensiblemente inferior para las posiciones abiertas.

Esos «inversores» que están «cortos» en realidad pueden estarlo con productos derivados, en los que simplemente se cruza un contrato de futuros con una contraparte que asume la posición diametralmente opuesta (alcista) y que nos pagará tanto como el subyacente baje. También pueden abrirse posiciones bajistas con un contrato de opciones, que funciona más como un «seguro» ante movimientos imprevistos, que puede ser alcista o bajista (call o put), y que abonará lo propio simplemente a cambio de una prima establecida en base a un nivel límite objetivo o spot a vencimiento.

Pero desde hace algunos lustros, en los mercados se puso de moda un nuevo producto, una de esas «innovaciones» financieras sobre las cuales un servidor no acaba de tener muy clara su naturaleza como inversión, ni si son en última instancia beneficiosas o perjudiciales para el funcionamiento de los valores y de los mercados. En este tipo de casos, realmente, esos productos están ahí porque satisfacen una demanda de operativa financiera existente en parte de la comunidad de inversores, y que es poder sacar réditos del mercado cuando tienen claro que la bolsa o un valor va a bajar. Para algunos resulta frustante, y una limitación como inversores, poder aspirar a sacar una rentabilidad del mercado sólo cuando aciertan con una toma de decisión de inversión «a largo».

Para satisfacer esa demanda nacieron las ventas a crédito, principalmente con las acciones bursátiles como objeto mercantil. Usted puede pensar que hasta ahora no ha tenido ningún contacto con ellas, pero lo cierto es que es muy probable que usted sí que haya tomado parte en operaciones denominadas como «préstamo de acciones», aunque sea inconscientemente. Hace unos años ya asistimos a cómo algunos agentes del mercado se dedicaba a prestar títulos de sus clientes a terceros, a veces incluso sin que sus dignos propietarios fuesen ni siquiera conscientes de ello, al constar esta «licencia» en una cláusula en letra pequeña entre 200 y a la que ni siquiera se podía renunciar por separado.

El censurable «pastel» de la parte que era «inconsciente» se descubría cuando, en momentos de sequía en el mercado por algún evento «cisne negro» o por alguna situación extraordinaria, algún cliente quería vender unas acciones y, literalmente, su banco le iba poniendo una serie de inconvenientes por la simple y llana razón de que había prestado las acciones de ese cliente a un tercero, con lo que en ese momento no disponía realmente de las acciones para poder venderlas en nombre de su cliente. Imaginen lo que eso puede llegar a suponer en un momento crítico de mercado.

Por la parte del «inversor en corto», éste pagaba una prima por hacerse con unas acciones que en realidad no eran suyas, y durante un plazo de tiempo pre-acordado, y cuando tenía esas acciones en su cuenta de valores, procedía a venderlas sin ni siquiera haberlas comprado antes verdaderamente en el mercado (las compró en su momento su verdadero dueño). Así, con las «acciones a crédito», los «inversores» venden esas acciones antes de comprarlas, y se embolsan la diferencia en caso de haberlas vendido más caras de lo que luego las han recomprado para devolverlas a su verdadero dueño original. Por ello es una posición bajista: ganan cuando la acción baja, y ganan más cuanto más baja ésta, puesto que entonces la diferencia entre el precio inicial de venta y el de recompra es más lucrativa.

Pero toda «operativa» bursátil tiene siempre su riesgo, si no, (casi) todo el mundo la haría…

El gran problema para esos «inversores a corto» es, ni más ni menos y de ahí el nombre de «corto», que tienen que devolver las acciones en un plazo determinado de tiempo, y que típicamente no es para nada demasiado extenso. Es decir, en la operativa habitual de invertir en acciones de la forma tradicional, si las acciones bajan y uno se queda «pillado», habitualmente y si la compañía sobrevive y pasa la crisis, tan sólo tiene que esperar unos meses o unos años para que la acción se recupere (sic, que en España no lo hemos hecho en índices desde la Gran Recesión) y recuperar su capital inicial con algo de beneficio.

Pero si uno está invertido en acciones «a corto», este «esperar y recuperar» no es viable, porque cada «inversor» tiene una fecha límite por contrato en la que ha de devolver sus acciones a su dueño original. Así, hay valores en los que se ceban «los cortos», lo cual sólo realimenta y magnifica su tendencia ya de por sí bajista por la incertidumbre del valor. Esto ocurre porque, al tomar muchas acciones del valor «de prestado» porque se piensa que va a bajar y se quiere sacar rédito de ello, como al tomar las acciones prestadas acto seguido éstas son vendidas, eso supone un aluvión de ventas que hace que la acción profundice más en sus pérdidas.

Pero como en todo goteo lento de entrada que acaba creando una balsa de agua, lo difícil viene cuando todo ese volumen remansado de repente quiere salir a la vez en estampida. Es lo que se conoce como «cierre de cortos». A veces, este evento del mercado ocurre porque de repente el valor experimenta un giro de mercado al alza por el motivo corporativo que fuere, y todos los «cortos» se apresuran a cerrar rápidamente sus posiciones y realizar sus pérdidas, para lo cual tienen que recomprar sus acciones en el mercado y devolverlas a su dueño original, realimentando así la espiral alcista. Y otras veces el evento detonante es puramente de mercado como puede ser cuando esos propios «cortos» han llegado a suponer un volumen muy relevante de la capitalización total de la compañía, y coincide en el tiempo que unos cuántos de ellos tienen que devolver sus acciones ya a su dueño; así, tienen los «cortos» que comprar acciones estrangulándose a sí mismos. Aquí, una vez más, el más indemne es el primero en salir del mercado.

El caso de Tesla ha sido un «cierre de cortos» porque la compañía ha sorprendido gratamente con sus «brotes verdes»

Y vayamos ya con el protagonista de hoy. Tesla. Efectivamente, esta disruptora pero (bursátilmente) especulativa compañía, ha experimentado uno de estos «cierres de cortos» masivos, que no han hecho sino restar buena parte de sus beneficios anuales a los «cortos» en el valor, que acumulaban desde principios de año. Pero hay también muchos casos que incluso arrojan cuantiosas pérdidas, sufridas con especial virulencia por los últimos en entrar «de prestado» en el valor.

El desencadenante ha sido que Tesla ha publicado unos resultados del tercer trimestre realmente sorpresivos, y sus cuentas, tradicionalmente teñidas de rojo, han arrojado beneficios en ese período. Desde la compañía justifican esta buena noticia por mejoras en eficiencia operativa y por reducción de costes de fabricación y de aprovisionamiento. Este dato catapultó el precio de sus acciones hasta un 17% en la jornada, y además situaron a la compañía como el fabricante automovilístico en el mercado con mayor capitalización bursátil, superando incluso al gigante del sector General Motors. Es algo que ya había ocurrido en el pasado por breves espacios de tiempo, pero ahora supone un evento de mercado más disruptor porque GM venía cómodamente instalada en una ventaja de capitalización muy clara y con un margen de seguridad bastante holgado. Todo este escenario cambió súbitamente.

Si bien hay que admitir que Tesla esto mismo de los» brotes verdes» ya ocurrió en el tercer trimestre de 2019 y fue flor de un trimestre, y que en el mercado hay realmente una percepción bastante extendida de relativizar estos resultados, lo cierto es que ese violento giro al alza de la acción propició el cierre masivo de cortos que es noticia hoy. Este brusco giro del mercado trajo para los «inversores» a corto en el valor unas des(jugosas) pérdidas de 1.500 millones de dólares en tan sólo un día. O lo que es lo mismo, se han borrado «de un plumazo» el 70% de las ganancias que los «cortos» en el valor acumulaban desde principios de año. Casi nada, para que se fien de las «mosquitas muertas» que van cayendo en vuelo descendente. En el mercado cualquier valor languideciente puede dar fuertes coletazos en cualquier momento.

A pesar de todo, Tesla se mantiene como uno de los valores sobre el que hay más posiciones «cortas» abiertas en el mercado, augurando que los inversores siguen sin ver muy claro su futuro, y que están dispuestos a sacar réditos de lo que esperan siga siendo una caída continuada del valor. Pero todo tiene un precio en el mercado, digo, un riesgo, y que haya tantas apuestas que tan claramente apuntan en una dirección no es en realidad garantía de nada. Es más, según la inversión «contrarian», más bien suele ser al revés. Pero aquí lo cierto es que, más que de percepciones y de sentimientos de mercado, «contrarian» o no, de lo que hablamos es de una compañía que aún tiene mucho por demostrar en sus balances a día de hoy.

Y ése y no otro es el verdadero riesgo que están asumiendo los «cortos», porque lo de la semana pasada ha podido ser un aviso a navegantes, o ha podido ser tambien simplemente un espasmo, bien sea provocado o natural, de la víctima, que trata de zafarse en sus últimos estertores del que sabe puede acabar siendo su depredador. Como muchas otras veces en los mercados y en la economía, a día de hoy todavía no podemos tener una respuesta clara.

Simplemente hay que esperar y ver cómo evoluciona el valor (y la compañía), pero tengan en mente que, de una manera u otra, con una operativa o la contraria, siempre siempre siempre en el mercado una posición abierta implica un riesgo, y con la violencia de algunos movimientos de Tesla el daño a sus ahorros puede ser muy relevante. Precaución y nunca se apalanquen más de lo que su salud financiera pueda asumir. Que la cautela les acompañe, y que mantengan a raya la ambición, que el dinero cuesta mucho ganarlo y, en realidad, la Bolsa no debería ser meramente un casino, si no un lugar de inversión en la acepción más constructiva del término.

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